Nada salió como ella había planeado. Más de dos años sin
saber nada de su familia. Su padre nunca estuvo cerca pero habría dado
cualquier cosa por poder abrazar esa noche a su madre. Tal vez su corazón se
había reblandecido.
¿Pensáis que estaba arrepentida? Esa palabra no formaba
parte de su vocabulario. Volvería a dar una y mil veces cada uno de sus pasos
aun sabiendo a donde la habían conducido.
Mil imágenes iban y venían a su cabeza. No conseguía retener
ninguna. Quizás estaba más nerviosa de lo que quería aparentar, pero tan guapa
como cuando lucía ese pelo negro que a más de uno le volvió loco y que la
cortaron el mismo día que entro en prisión.
Su belleza era comparable con la fuerza de su mirada. Sin
duda era una mujer de otro tiempo. Rompió todos los estereotipos de la época. Cuando
estalló la Guerra no dudó en cambiar su vestido por un mono y su escoba por un
fusil y unas granadas. Revolucionaria hasta la médula.
Dispuesta a defender sus ideales hasta la muerte no dudó en
echarse al monte y luchar, a su manera, por lo que creía justo. Saqueó,
secuestró en incluso mató por defender a una España que ya estaba rota.
Hermanos matándose cada uno desde un lado del frente. Era de locos.
Formar parte del bando perdedor no estaba en sus planes. Pero
hay cosas que no se eligen y al terminar la guerra no tardaron en detenerla.
Dos años, tres meses y diecisiete días pasaron hasta conocer la
sentencia: pena de muerte como autora de un delito de adhesión a la rebelión
militar. Su última noche la pasó despierta. Añorando su pueblo, su gente. Con
la rabia de quien sabe que su lucha había sido en vano y con la pena por el
dolor causado a su madre y a sus hermanos.
Cuando aquella madrugada de agosto la condujeron hasta la
tapia del cementerio de Albacete no la tembló el pulso. Levantó la cabeza con
el mismo orgullo con el que lo había hecho siempre, sacudió sus ropas y
encadenada siguió los pasos de sus verdugos.
No se quiso confesar. Escupió en el suelo al acercarse el
cura.
–El mejor muerto- añadió
con voz firme y serena.
¿Sabéis cuál fue su último deseo?
Pidió que el tiro de gracia se lo dieran en el corazón.
Quería conservar la belleza de su rostro en la otra vida.
Y así fue como lo hicieron.
Descansa en paz Telesfora.
Noviembre 2019
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